Conoce a ...  

Juan Rodríguez Lozada

Juan José,
18 años desde la mirada de su madre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A los cuatro meses de gestación, después de un ultrasonido, me comunicaron que era un embarazo general y que tendría dos varones, quienes fueron registrados con los nombre de Juan José y Ángel Omar. Este 1 de enero (de 2014) cumplieron 18 años.

 

Hoy comparto con ustedes una pequeña reseña del largo caminar de la vida de Juan José, ya que las anécdotas son interminables.

 

Durante sus quince primeros meses se desarrolló como un bebe "normal", acorde con su edad; de repente, se detuvo. El lenguaje minimizó, el juego con su hermano cambió en cuanto a la conducta, y el verlo en el piso jugando con un carrito que movía en una sola dirección, eran para mí cosas incomprensibles.

 

Empezó el proceso de investigar. ¿Qué pasa? A los dos años y 3 meses, la neuróloga Noris Moreno me dijo que tenían AUTISMO. Recuerdo que la observé y pregunté: "¿Qué es eso? ¿Tiene cura?". Y me contestó: “No. Tienen que empezar a recibir terapias que les ayudarán a tener una MEJOR CALIDAD DE VIDA”.

 

Pensé, existe una ESPERANZA. Me llené de información y me recomendaron el libro de Ivar Lovas, que me ayudó muchísimo.

 

LA TRIPLE A

Mi teoría es la siguiente: LA TRIPLE A, “Autismo, Autoridad con Amor”.  A los tres años JUAN ingresó al Programa de Estimulación Precoz del IPHE, y a los cuatro lo refirieron a la escuela El Japón, donde logró terminar su sexto grado. En casa era super inquieto, se trepaba en todos lados, saltaba y corría de un lado a otro; hasta hoy, sigo trabajando para que camine y no corra.

 

En primer y segundo grado segundo le tocó la maestra Rosalía, quien para mí, merece un monumento; lo ayudó bastante. JUAN no soportaba el sonido de los truenos, lo alteraban y corría hacia ti con las manos en los oídos; ella lo ayudó a superar ese temor.

 

En tercer grado, la maestra Vera dejaba tareas de matemáticas con las cuatro operaciones fundamentales todos los días, y adicional a eso dejaba tareas de greca por lo cual lloraba casi a diario. Igual lloraba yo con él (pero por dentro). Era un dolor muy profundo ver a mi hijo sufrir por las puntadas de greca; de recordarlo, aún afloran unas gotas de lágrimas por mis mejillas, pero no de dolor o, en ocasiones, de impotencia sino de emoción de ver todo lo que he logrado hacer.

 

Su tolerancia en la escuela era muy corta; en cuarto grado, no había terminado de copiar y le borraron el tablero, tomó el borrador y por frustración lo tiró y rompió el reloj del salón, me llamó la maestra diciéndome que tenía que pegarle para corregirlo.

 

Un día en sexto grado, JUAN se puso fuera de control, desesperado, gritando, llorando porque según él los compañeros eran muy escandalosos y eso le afectaba el oído. Con el transcurrir del tiempo me fortalecía, porque tenía claro que mi deber era (y es) ayudarlos a salir hacia adelante, y siempre he tenido claro que se NACE para MORIR, por lo tanto cada segundo es fundamental en su avance e independencia.

 

Aparte de la información, las novelas de historias de madres de chicos autistas como: Dibs, en Busca del Yo, y Hay un Niño Aquí Adentro, me sirvieron de norte y los que me conocen saben que mi apoyo fundamental es mi carácter, mi proyección positiva ante la vida. El saber que todo tiene un mensaje positivo, que lo encuentres depende de ti y que veas esa LUZ EN LA OSCURIDAD DEPENDE TAMBIÉN UNICAMENTE DE TI. Todo es como te proyectes.

 

Sus maestras regulares, las especiales, sus profesores de la secundaria, profesionales y mi familia, aunque están lejos, aman a mis hijos; además, mi hermana, mis amigas, mi hijo mayor Pablo, seres especiales para mí “SON ÁNGELES CAÍDOS DEL CIELO”. El trabajo en equipo hasta aquí se ha logrado.

 

Para ayudarlo a canalizar su energía durante su infancia, decidí llevarlo a la piscina a tomar clases de natación, el primer día gritó como loco diciendo que iba a morir; el segundo día fue peor. No fue más; mientras, su hermano gemelo se quedó por cinco años liberando su energía; sin embargo, recuerda al ProfesorCasasola. Conversando con un profesional recién graduado de la universidad me comentó que daba clases de gimnasia en el Gimnasio de Albrook, así que Juan, con un poco de temor aceptó el reto, estuvo con él tres años, participó en competencias a nivel provincial y nacional. Mi satisfacción es saber que Pedro sigue atendiendo a chicos con habilidades diferentes. Después lo lleve a Olimpiadas Especiales por tres años a jugar básquetbol. También asistió por cuatro años a UDELAS con una psicóloga que lo ayudó bastante a canalizar sus frustraciones y emociones. Emocionalmente era otro.

 

Participó en el grupo Scout en el Grupo 9 del Colegio Javier por tres años; ahí, me atreví y lo mande tres veces a campamento.  Como todo niño aprendió a montar bicicleta, scuter, patineta, patines.

 

EL RETO DE LA SECUNDARIA

 

Al llegar la etapa de la secundaria, nuevamente afloraron esos temores, vamos a otra aventura de mayores exigencias con profesor en cada materia y todo lo que eso trae detrás. El colegio INTEC me abrió las puertas, institución que posteriormente pasó a ser el Colegio Nuestra Señora de La Paz - Panamá. Todavía en su primer año de secundaria, estudiaba con él.

 

Al llegar a segundo en la primera semana de clase me dijo. "Mamá, ya yo estoy grande y quiero estudiar sólo”. Es hijo de su madre. En ocasiones esos trabajos iban con una presentación horrible, y del contenido ni hablar; yo lo dejé, me pidió su espacio y lo respeté. Le preguntaba si necesitaba ayuda y me decía no. 

 

Es un chico super responsable, logré que comprendiera (me tomó mucho tiempo) que se debía adelantar en las tareas siempre y cuando no tuviera otras cosas que hacer. Tanto cambio para él provocó que se mordiera las manos; en casa yo lograba que no lo hiciera, pero ¿y en la escuela? Por consejo, le compré un ‘celoso’ que lo ayudó; a ese muñeco le pegaba con puños y patadas. Empezó a hacer ejercicios y logró superarlo.

 

Al terminar su tercer año de secundaria (Noveno Grado) le dije o le aconsejé que estudiara para Bachiller en Comercio, porque según yo, era más fácil. Sin embargo, JUAN me dijo que quería ser Bachiller en Ciencias –como su hermano mayor Pablo-. Traté de convencerlo de lo contrario. Un día quedé como los personajes de Condorito (con los pies para arriba) cuando me dijo: “Mamá, tú crees que yo no puedo?”, le contesté claro que sí. En la casa nunca más se conversó del asunto, puesto que cuando estaba pequeño y se frustraba, mi respuesta con mucha paciencia y sobre todo amor le decía: “Juan, que pasa corazón, tú puedes, vamos a intentarlo”. Entonces me sentí orgullosa cuando me dio esa respuesta. No estaba arando en el desierto.

 

MOSTRAR AMOR

 

Fue un niño que rechazaba el afecto. Entre una de las cosas que había leído, recordaba la historia de una chica que decía que cuando la abrazaban sentía que se quemaba la piel. Lo mantenía lejos, pero practicaba acostarnos en el piso o en la cama y lo acariciaba con los dedos del pie y por ahí nos fuimos poco a poco; hoy día, da besos y abrazos (en ocasiones bruscamente), pero al final es un abrazo. Eso es maravilloso decirlo, y más intenso, vivirlo.

 

El trabajo con ellos es constante, superan algo e inician con otra cosa. JUAN JOSE, realizó su práctica profesional en el INAC, en el departamento de Igualdad de Oportunidades, bajo la dirección de la Lic. Lastenia. Le dieron un reconocimiento una vez terminó el período de práctica. Le ofrecieron que se quedara con ellos trabajando; sin embargo, JUAN les dijo que su prioridad era iniciar y terminar su carrera universitaria.

 

Se graduó el pasado 18 de diciembre (de 2013( con el mayor índice académico de su Colegio. Su discurso logró que todos los presentes se pusieran de pie y aplaudieran sin parar; según él, ese recuerdo lo hace sentir orgullo de su graduación.

 

Al terminar la graduación, me dijo: Mamá, se me olvidó decir el pensamiento (Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber. A. Einstein)

 

Está matriculado en la Universidad del Panamá en la Facultad de Bellas Artes; por lo cual ya está tomando un curso de pintura y dibujo, asistiendo dos veces por semana. Estoy trabajando para que entre al Grupo Juvenil de la Iglesia Don Bosco, donde en noviembre pasado hizo la Confirmación.

 

Le encanta leer (aprendió solo desde los cuatro años); es un chico con mucha información en ese cerebro. Aún la psicóloga Giselle Adames lo sigue apoyando. Su gemelo ÁNGEL [del cual les hablaremos en otra oportunidad] es el menor de los dos, y su papá se llama Emilio.

 

Soy una mujer agradecida por los tres seres, que Nuestro Ser Supremo ha permitido traer al mundo. A todos los que han aportado un grano de arena en su caminar, DIOS LOS BENDIGA.

​© Copyright Cecilia Fonseca Sánchez, Panamá, República de Panamá